lunes, 28 de marzo de 2016

Mi padre y yo

Mi padre y yo somos iguales.
`Cagadicos´ que dice mi madre.
Deseo reírme una noche entera con él
y no pensar en nada más.
Ojalá la próxima vez no esté dormido
o duerma mirando el televisor.
Y yo no esté tan loco como últimamente lo estoy
y pueda abrazarle con todas las ganas que tengo.

Si somos iguales por qué nos hemos odiado tanto.

Me gustaría no gritarle ni que me gritara,
eso según dice mi madre,
es nuestro carácter.

Me gustaría conseguir imposibles
porque temo que así seguirá siendo.

Ahora ya me callo y bajo la mirada
para evitar más disgustos.
Ahora ya casi no digo nada
o sólo tonterías.
Ahora me fijo y me alejo
como un animal perseguido.

Ojalá volver a los trece años
y no ver aquello que vi
y que siempre recuerdo.

Ojalá estar en armonía con algo de una vez.

Pavana de la atrocidad

Otra vez en las esperas
bajo un cielo nublado
no surgen más que ruidos
o colores que se parecen a gritos.
Desavenencias con la suerte,
incomprendida tranquilidad,
no veo lo que estalla en mis ojos,
me ciega el abismo constante y límpido.
Me duele la boca,
lluvia humedeciendo las alforjas
más pesadas que exhaustas
como mis articulaciones.

Otra vez en las esperas,
deseo un amanecer con tu sombra
y que mis ojos levanten
las partituras clásicas
del Celo.

Se humedecen mis manos
al levantar tu piel
y no hay dolores
solo hay OjOs
que blasfeman y aturden,
enloquecen
y preguntan.

Se humedecen las palabras calladas.
Pero otra vez en las esperas,
los intestinos revueltos
y la esperanza que va perdiendo
el color.

Hacia la noche.
Pestañeas.

A veces bálsamos los labios,
otras recrudecen recuerdos
y moran desperdigados
sueños entre tus uñas.

Por descubrirte poco a poco,
por lo que sabemos,
por lo que queremos.

Pavana de la atrocidad.
Exhausto aún sigo deseándote.

Vacío roto

Nos espera la tradición.
Sabernos solos de manera impresionante,
Quedarnos sin palabras ante la mañana que nadie sabe para qué se levanta.
Nos aguarda el dolor y hacer muchas cosas antes de morir.
Dormiremos en las calles desnudos o a lo mejor no dormiremos,
agonizaremos.
No seremos más que teclas de piano sin tocar e impostura de tristeza.
Da igual el tiempo,
la historia
y tus amores o los que crees que tengas o hayas tenido.
Da exactamente igual.
Todos caeremos al fondo.
Todos.
No puedo hablar de algo concreto.
Es demasiado definir las lágrimas que pasean mis mejillas.
Todas putas, todos canelos, imberbes seres, hombres o destrucción anhelamos, no sabemos ni queremos ni casi deseamos, ni casi somos, ni casi, palabras mentirosas e inútiles y caídas también al fondo.
Me realizo buscando.
Y me río de no hacer nada.
Y sollozo.
Y que más quieres.


¿Hay nulidad en la belleza?
Me ordenan cosas que no entiendo.
Me dicen que haga mil cosas que no entiendo y a la vez.
Me vuelven loco y parecen fascinados con la incomprensión,
esos hombres del ambiente mundano, esos hombres, esas aves de rapiña que en el fondo solo están nerviosos y ya perdieron el espíritu.

Y que más quieres, mi amor, si no comprendo,
no sé del ambiente,
no sé.
Modos del piano, no sé.

Pasiones.
Arrúllame esta noche.

Halo (peridol)

Las palabras como polvo de arena.
El coraje en las manos y el azar que se desvanece en los silos del tiempo.
El sol que ciega las gafas sucias de tristeza.
La sustancia que no perdura y más palabras como pólvora en tu deseo.
Y no entender.
No entender a los niños que juegan en tus pesadillas.



Ternura y lágrimas que rompen las piedras,
haciendo huecos en tu alma.
Ramas que caen
lloran los besos
se inunda el silencio con tu melancolía.

Una luna redonda

Una luna redonda e inesperada, unos coches frenando, casi me pego una hostia atontado con la contemplación del satélite.
Afeitar a los moribundos, qué sentido tiene.
Soñar, qué sentido tiene.
Sombreada la sinrazón en la cabeza resquebrajada, cansancio y el no saber y el no desear el dolor.
Mentiras para la vida y también para la muerte.
Y lo peor es que nos las creemos.
O las creen.
Cuarenta malditos años de pena y subsistencias renovadas.
Está todo mal construido desde los huesos,
desde que somos creados,
malditos tuétanos.
Ausencia de esquema vital y ojos cerrados.
Llega la noche y otro infierno espera.
Luna redonda, ojos cerrados y bocas que hablan y hablan y hablan y no se entienden.
Ruidos y manos por el aire, suites presidenciales en un purgatorio de muerte y blasfemias.
Malditas camas de hospital que crujen.
Y en las noches las toses que no pueden arrancar las entrañas.

Horas de cerrar los ojos

>La 729 es la habitación de la muerte...
Y el resto son los habitaciones de los que más tardan en morirse. Estos últimos tienen el destino más claro, no sufrir. Y luego es otra historia de silencio donde no hay dolor eterno ni nada. No comprendo entonces por qué las lágrimas ni sufrimiento alguno. Sé que somos incapaces de asumir lo que es la vida. Somos tan estúpidos y estamos tan engañados..Y el fin no es mejor ni peor que el resto. Si tu vida fue mala no va a ser mejor tu muerte. Perdiste la oportunidad de hacer daño y sobre todo de dar placer. La servidumbre y las mentiras que se recrudecen en ciertos momentos, con aquel pobre de espíritu, bíblico, con la sencillez, con ese estúpido borrego que todos somos alguna vez.
Un moribundo grita
-Por caridad!!
Repetidamente, cree ahogarse o tal vez se esté muriendo de verdad. Otros gimoteos indescifrables, tono de voz tajante, de mal olor, es el espanto, todo está bien, todo es terrible, y solo es la vida llegando al momento de los pañales y de las sondas, los resquicios oscuros  de la soledad y de la pena.
Repetidamente cree ahogarse el de la habitación de al lado.
En fin, hoy solo quedaron dos camas vacías.
No saldrán en las esquelas de Las Provincias, aunque nunca se sabe, señor capellán sudamericano ruegue por sus vidas perdidas no por su muerte. Está todo levitando ahora, es la hora del haloperidol y de qué sé yo cuántas cosas más.
Es ridícula la llegada, tuberosidad en los ronquidos, es patética la noche, ya acostumbrado no tan larga.
Pueblo de Dios, noche de Fe y de llenarse de olor de santidad, de olor a eso que se aborrece. ¿Nadie podrá hacer callar a los enfermos?
¿Nadie?

Yo, hijo

Soy el hijo y el heredero
de las manos pequeñas y negras.

Estás loco. Estás perdido.
No es nada diferente a ayer.
Soy el hijo y el heredero
de las manos blandas de serpiente.
Estoy loco por los desiertos de vida
que me aturden y me rompen
constantemente.
Loco por el desierto que nunca acaba.
Soñoliento no descansas
solo mareas tu cansancio.

Buscando un desatino nuevo que acometer.

Flores de invierno

Ebriedad hospitalaria, desastre.
Sí, cariño, lo que quieras!
Delicias incoherentes,
asumir no es motivo de alegría
pero dan ganas de volar,
de no haber venido a la vida.
Qué te duele?
Trata de plegar el batín
y hace calor
y se mueve (apenas).
Trata de hablar
de ir a alguna parte.
No puedo, me ayudas?
Agua murmura,
nervioso,
agrede,
la cabeza confusa.
Sí, cariño, lo que quieras.
Sí. Sí.
Qué no daría yo
porque dejaras esta agonía malsana,
que dejaras de sufrir
todo lo que sufres.
O nervioso o lúcido o cargado de pastillas,
murmurando,
inventando nuevas palabras,
escupiéndose en las manos para frotarlas.

Sí cariño, lo que quieras, lo que quieras, lo que quieras.
Qué desastre cariño.
No te voy a recordar así.
Te quiero.
Agua, padre?

Dadá

Mi padre es el mejor poeta dadaísta que conozco.
Lo ha tenido oculto 81 años.
Oigo risas jóvenes de enfermeras y soledad.
Creo que ni siquiera un número somos.
Es un chichichón en el aire.
Fallecí esta mañana me dijo ayer.
Lo dijo sin saber o sabiéndolo todo.
333.
Que lo arrope una nube y le haga vapor.

Y no. NADA.

Otro día
más o menos,
nuevas pesadillas que son la misma,
paredes blancas,
oratorios y misales antiguos
y casi todo es falso.

Otros días,
los mismos sueños repetidos
en el líquido-angustia,
cánticos,
tambores
y alegría espontánea,
olvidando al indio con drogas duras
o sexo no tántrico.

Al fin
porquería echada en los suburbios
en los váteres,
en las formas de relacionarse sin estrategias,
en la educación de años,
en ser uno mismo
y ser siempre idiota.
Cansa la desilusión.
el salir el no salir
el no tener que asir
el no llorar
el no vivir,
cansa seguir
y no saber por qué
tantos nervios
tanta exasperación
tantas ascensiones
y tantas recaídas.
Cansa Cansa Cansa Cansa
y yogures idiotas
hablándome de música y violencia
y perros mordiéndome en los camales del pantalón
y absurdez cotidiana y descreída
y desafección por este mundo de ausentes
por estos días siempre vísperas de algo desconocido.

En los consagrados altares de la miseria
la putrefacción juega con la malicia.

Gotas en las manos

Los mayores están tristes.
Los que pueden
deambulan por los pasillos,
dando vueltas.
Longina dice
Gloria a diossssssssssssss.
Carlos se fue,
había un libro de la La Ley de Murphy a su nombre.
Antonio tiene 93 años y no está encorvado y es pequeño.
Hoy no ha tomado ni zumo ni fruta ni pastillas.
Longina, Amparo, María.
Menos hombres que mujeres-oratorio,
enfermería y fe,
talleres?, programa-deambulación,
deambulatorio-programa,
gritos, talleres?, tabletas, gotas,
lamparones en la cena
sobre el babero con su nombre.

Andan a través de los pasillos dando vueltas
mientras las luces de su cabeza se van apagando
pero siguen gritando
y reajustando la vida que no espera
y los resortes que están pelados.
Con cariño y con amor,
en apariencia,
los hombres  preguntan a las paredes y a los cuartos,
genéricamente azules,
bastión de los silencios rotos desanimados.

Sandra miraba la lux de la sierra o de esta mañana
como si no estuviera viva.
No lo está.
Cadencias de perdiz.
Algunas residentes rezando y otros blasfemando.
Movilizaciones pasivas, control postural previniendo rigideces.

Casta, Edelmira, Universo, Nino bravo, zarzuelas, operetas,
papelitos pintados, golpes por las esquinas
y ojos sin brillo hasta arriba de sueños perdidos.

Blanco vida, azul vida, comida vida
y una liebre que corre por los jardines.
Gloria a diosssssssssss.
En el rincón de la televisión, Tele 5 todo el día.
Gloria a diossssssssssss,
la libertad atada,
pastillas más pastillas más pastillas más pastillas,
más Glorias a la demencia.
Tridimensional y grisáceo,
desesperante patraña,
arrastre de la tristeza,
método para morir atraído por la arborescente Jerusalén recluida en los cerebros que se desgajan, ni Jerusalén libertada ni nada.
El domingo es como el sábado y como cualquier día,
columnas vertebrales drásticas, dobladas, divididas,
de las almas, no sé nada.
De las palabras y los besos apenas tampoco.

Y ya está en otra fase que ni se acaba ni espera ni respeta ni nada.
Cristo vive, opulencia del pueblo vivo en sus quicios mentales.
Futuro negruzco, minuto que no pasa.
Usando buscar antidepresivos resuenas en los oídos,
te oyes gritando y buscando jamases y nuncas.
Y tampoco te acabas.
Nadie pasa son las sombras.
Nadie pasa son las palabras flotando.
Nadie viene con el viento.
No llega no termina no empieza.
No sé de nadas.
No sé de nada.

Adderall XR

No puedo ser frío

debajo de mi nieve no hay hielo

solo hay caricias de amor

que derriten la tristeza

y menguan el dolor.

Pero debajo del dolor no existe NADA.

A veces veo una luz que se marcha

o un color que despide fragancias y risas

o una nube que se endurece en el corazón

y lo detiene
pero sigue y sigue y quieres que se pare

con el alma y quieres ver a dios y mandarle a la cruz y ver a dios y mandarle a morir

pero nadie muere aquí.


Solo él escapa.

Nosotros nos cobijamos tras nuestra nieve

y tras nuestro infinito mar de dudas.


Me quiero morir,

¿nadie sabe como desear morir y querer amar más que nunca?

¿nadie sabe como alcanzar la esperanza y febril permanecer en la tierra durante 30 años y luego desvanecerse?

¿quién puede echarme una soga delicada que ahorque mis pulsiones?

¿quién?


89008